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viernes, 28 de octubre de 2011

Resumen de la partida del 8 de Octubre del 2011

Jugadores presentes: Esteban, Diego, Ruben, Dickinson y Oscar...
Durante nuestra estancia en la posada, mientras realizábamos nuestro desayuno (un ligerio refrigerio), nuestro arrojado leader reconoció a un antiguo compañero de andanzas de su época de trabajador freelance para los piojo... estooo para los elfos del bosque, y no siendo más la intención de semejante especimen que la de arrimar el hombro en nuestra misión, el susodicho ranger,  se unió a nuestra mesa. En ese instante tras hablar con el noble senescal de la noble casa de Grijander (que subencionaba el almuerzo), y ponerlo al día de nuestras anteriores averiguaciones, nos dirijimos al tajo.... 
¿Todos?....
¡No!.... 
Nuestro pequeño amigo Ostran, convencido de que el mayordomo guardaba aviesas intenciones se propuso seguirlo para desenmascararlo ante nosotros, sus incrédulos compañeros, y ante el mundo.

El resto proseguimos la sesión buscando los objetos mágicos faltantes, perdidos por la noble casa Grijander, a saber, un valioso astrolabio y otras zarandajas. Como recordareis, tirando del hilo habíamos conseguido llegar hasta una tienda de botas nuevas, seminuevas, usadas y de  ocasión, regentada por un simpático y orondo chacho. 
Dados nuestros anteriores encontronazos con las fuerzas del orden, y la increible facilidad para estallar de la que daban gala los habitantes de este pintoresco barrio, decidimos entrar en la zapatería tan solo dos miembros del grupo, los más diplomáticos. Osease, la pizpireta eladrin, la cual había heredado la increible capacidad diplomática de sus antecesores ( un servidor se empeña en poner la diplomacia y el carisma como una de las características principales de sus personajes, pero todos sabemos lo que pasa a la hora de la verdad) y el druida amante de las flores, que diplomático, lo que se dice ser diplomático, no, pero mete unas ostias como panes. Mientras tanto se quedarían vigilando fuera el elfo y su amigo el del palo largo (vale, no es un palo largo, es un palo muuuuy largo) para avisar en caso de que nuestros intentos diplomáticos fueran muy escandalosos desde fuera.
Tras una pequeña charla con el propietario, que incluyó un poco de fuegos artificiales, y el cierre temporal del local, lo "convencimos" para que nos informara de que bajo el mostrador del local se hallaba una trampilla, por la que se podía descender a un sótano que la banda de su primo empleaba para realizar sus delictivos trabajos. Informamos a nuestros compañeros, y procedí a descender transformado en tendero por la escalera de caracol, mientras la panda de nenas vigilaba mi retaguardia. Parece ser que pese a mi agudo sentido de la visión, no logré percibir una serie de pequeñas trampas de las que nuestro amigo el botero se había olvidado, así que al llegar abajo fui recibido de un modo muy caluroso. Afortunadamente, Žádný es mujer de recursos, y logré ponerme a cubierto sin haber recibido mucho daño. Mis aguerridos compañeros, al escuchar el entrechocar de las armas procedieron a discutir quién bajaría primero, siendo el pensar generalizado, que era mejor que bajara otro (para ser justos, no tardaron mucho tiempo en decidirse). Al final, el bravo druida se lanzó sin más miramientos escaleras abajo, siendo seguido por el warlord (que era extrañamente perseguido por el clérigo de Edu, en esta sesión artista invitado responsable de tiritas) y finalmente el ranger, con el lógico razonamiento de que un palo llega menos lejos que una flecha.
En el interior del lóbrego sótano nos esperaba una terrible sorpresa, encarnada por la figura de dos licántropos, pero no lobisomes, sino más bien ratiformes, que procedieron a acicalar con gran esmero el pecho de nuestro valeroso druida, que no queriendo ser menos que ellos transformose también en un peludo can, o algo entreverado de can y persona.

A todo esto, nuestro pequeño Ostran estaba enfrascado en una peligrosa persecución de polillas del papel en la biblioteca, mientras observaba las oscuras intenciones del mayordomo de la casa Grijander, al realizar un peligroso hechizo para destruir el.. ah, no, que el mayordomo estaba investigando un árbol genealógico a petición de nuestro clérigo. Bueno, pero con Ostran acechándolo desde la oscuridad, esperando a que cometiera un error y se desenmascarara su maléfico plan.
Dado lo trepidante de estas acciones, y nuestra capacidad para imaginar lo que sucederá las próximas horas en la biblioteca, volvemos al resto del grupo hasta el fin de la sesión.
Los dos ratisomes estaban apoyados por un par de humanos equipados con arcos y un peligroso halfling, cuya certera puntería estaba empezando a minar mi moral y mis puntos de vida. Tras una ardua batalla, en la cual el druida hizo gala de una gran falta de discriminación a la hora de las galletas,( las repartía y las recibía con la misma alegría), yo fui tachado de chupapiezas, el ranger demostró poseer el poder de derribar lo que fuera de un solo tiro, y el amigo warlord se dedicaba a menear a la gente por el campo de batalla con su palo, el grupo de malvados fue derrotado, y decidimos entregar a los hombres rata a las autoridades, no sin antes extraerles unos cuantos viales de sangre para que nuestro druida alquimista investigara la relación entre estos y los otros licántropos que habíamos hallado en Navatranaasu, que parece ser que la había.
El certero halfling, que sabiamente había dejado caer sus armas antes de que yo dejara caer su cabeza, nos informó de las posibilidades del sótano cómo lugar de reunión, al estar muy bien comunicado con las alcantarillas, de las cuales incluso nos hizo un mapa (pero tan solo de la zona portuaria) y yo propuse quedarnos el local para nuestras cosas y tal, pero la moción no prosperó. A parte de todo esto, el halfling nos informó también de que habían sido contratados por un grupo de gnomos para robar el sextante, y que ya se les había entregado, así como de que la conversión en ratisomes del jefe del grupo y su hermano (primos del botero) había sucedido no hacía mucho y su descripción encajaba con lo que nosotros recordábamos del culto a Malar en Navatranaasu.
Nos encaminamos rápidamente a la posada donde se hospedaban los gnomos, muy de alto copete, y tras hacerle creer al propietario que éramos íntimos de los gnomos, subimos a saludarlos. Cómo el grupo en general no estaba de acuerdo con la idea de derribar la puerta y masacrar sin más a los gnomos, nos hicimos los encontradizos con ellos, pero se olieron el percal y escaparon por la ventana de su habitación, tras lo cual se subieron a un carro con varios hombres lagarto mercenarios y comenzaron a huir, pero el simpático ranger, que en esos momentos se encontraba en el piso superior intentando descender a la habitación de los gnomos por la ventana, los vio huir y procedió a utilizar su peculiar poder en el caballo que tiraba del carro de los gnomos, provocando un pequeño accidente de tráfico. Mientras tanto, y ya sobre aviso de la huida de los gnomos, el resto del grupo procedió a acercarse a toda velocidad al carro al grito de: ¡un accidente!, ¡un accidente!. Con la intención de hacerse pasar por viandantes que acudían a la ayuda de los accidentados, pero en realidad para intentar localizar el sextante y recuperarlo.
Los gnomos, que aunque no lo parezca son muy listos, debieron darse cuenta de todo en un pispás y procedieron a supervitaminarse y mineralizarse, así como a hacerse invisibles e intentar poner pies en polvorosa, mientras hacían gala de unos conocimientos pirotécnicos que ni Caballer, que si muro de fuego por aquí, bola de fuego por allá, etc. Su líder puso en pie el caballo, y procedió a cabalgar hacia el amanecer, con la idea de que el muro de fuego evitaría que lo persiguiéramos.
De nuestro bando, el warlord, ya en el comienzo del combate decidió ocuparse de los hombres lagarto que custodiaban el carro, con la acertada idea, de que el sextante debía encontrarse en él, y el ranger lo apoyaba desde la terraza cercana con su arco. El druida, mientras tanto aprovechando su olfato canino y su poderosa percepción procedió a capturar a uno de los gnomos invisibles, y yo me teleporté junto al caballo del lider y lo derribé definitivamente, pero el gnomo se desmaterializó ante mis ojos y huyó.
En ese mismo instante, la guardia de la ciudad, encabezada por el simpático sargento Peláez, que había protagonizado ya un encuentro con nosotros cuando se produjo la lamentable explosión de un pandillero, procedió a pronunciar las famosas palabras:
-¿QUÉ COJONES ESTÁ PASANDO AQUÍ?.¡TODO ER MUNDO AL CUARTELILLO!.
Ante lo cual, y temerosa de las atenciones que podría recibir en semejante lugar, y recordando quién había sido el que había hecho explotar en cachitos al pandillero, decidí imitar a los gnomos y hacerme invisible yo también, al tiempo que el druida y su pequeña carga desaparecían por un callejón. Me encaminé hacia la casa Grijander, mientras oía a lo lejos la voz del sargento que decía:
-¡QUE NO SE HAGA INVISIBLE NI DIOS MÁS, CAGONLAPUTA!, TÚ, ¿QUÉ COÑO HACES ESCONDIÉNDOTE EN ESE CARRO? ¡TRINCADLOS A TODOS, Y PILLAD EL CARRO TAMBIÉN!
Al llegar a la casa Grijander me informaron de que el mayordomo estaba en la biblioteca, y fui a informarle de todo, y juntos (y probablemente perseguidos por Ostran, que no apartaba sus ojos del mayordomo) fuimos al cuartelillo de la guardia, y se aclaró todo el entuerto. Finalmente, el sextante se hallaba efectivamente en el carro, y la familia lo recuperó para bien, y nosotros recibimos la recompensa.